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Publicado el 22 septiembre, 2025
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Las industrias tradicionales —como la manufactura, la construcción, la minería o la agroindustria— enfrentan un gran desafío: captar el interés de las nuevas generaciones. Mientras los jóvenes sueñan con trabajar en tecnología, startups o en sectores creativos, los más “clásicos” deben reinventar su propuesta de valor para ser atractivos.
Las generaciones Millennial y Z valoran aspectos muy distintos a los que priorizaban las generaciones anteriores. No buscan únicamente estabilidad, sino también propósito y desarrollo personal.
Prefieren entornos con tecnología, flexibilidad y aprendizaje constante. El salario sigue siendo importante, pero no es suficiente: de hecho, según Gallup, el 60% de los jóvenes prioriza la posibilidad de crecer profesionalmente sobre un incremento inmediato de sueldo.
El 70% de los jóvenes entre 18 y 34 años cambiaría de empleo si encontrara una empresa con mejor cultura laboral (Deloitte Global Millennial Survey, 2023).
En industrias tradicionales, la rotación de personal joven puede alcanzar el 40% anual, el doble que en sectores tecnológicos (PwC, 2022). Empresas que han incorporado programas de innovación y digitalización han visto un 20% más de retención de talento joven (McKinsey, 2021).
Estos datos muestran una realidad: si no hay cambios internos, los jóvenes simplemente se van.
¿Los jóvenes no son “inestables” por naturaleza?
No. Su rotación está más relacionada con la falta de oportunidades de crecimiento y un ambiente atractivo que con la inestabilidad personal.
¿Debo pagar más para retenerlos?
El salario competitivo es necesario, pero no suficiente. La clave está en combinarlo con propuesta de valor emocional y profesional: aprendizaje, propósito y bienestar.
¿Cómo hago atractiva una industria “poco glamorosa”?
Mostrando su impacto real: desde innovación tecnológica hasta sostenibilidad ambiental. Comunicar la relevancia social de la industria es un imán para el talento joven.
¿Qué pasa si invierto en capacitar jóvenes y se van?
Peor sería no capacitarlos y que se queden. La capacitación aumenta la productividad y la retención, aunque siempre habrá rotación natural.
Las industrias tradicionales tienen dos caminos: seguir quejándose de que “los jóvenes no duran”, o adaptarse para convertirse en lugares donde sí quieran quedarse. El reto no es atraerlos con salarios altos, sino construir culturas laborales modernas, humanas y con visión de futuro. Invertir en el talento joven no es un gasto: es asegurar la supervivencia de la industria en un mercado cada vez más competitivo.
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